miércoles, 29 de febrero de 2012

El miedo manda.

Ahora parece que el miedo llena todas las noticias de la tele y de los periódicos. Así lo pone de manifiesto Eduardo Galeano en “El miedo manda”

El hambre desayuna miedo / El miedo al silencio aturde las calles / El miedo amenaza

Si usted ama, tendrá sida / Si fuma, tendrá cáncer / Si respira, tendrá contaminación

Si bebe, tendrá accidentes / Si come, tendrá colesterol

Si habla, tendrá desempleo / Si camina, tendrá violencia / Si piensa, tendrá angustia

Si duda, tendrá locura / Si siente, tendrá soledad”


martes, 28 de febrero de 2012

Miguel Labordeta; poemas de la crisis.

Releyendo a Miguel Labordeta estos días de crisis, de soporífera crisis, no hacen sino venir imágenes que conectan los poemas escritos en los años 50 con el actual estado de tedio, desesperación y crisis actual.

En el libro Sumido 25 de 1948 que se halla dentro de Epilírica, está el poema “Puesto que el joven azul de la montaña ha muerto” (…)”es preciso partir de la ciudad antes de ser golosamente asesinados y engullidos por las muchedumbres de los metros”. Es como si el poema nos dijese que también ahora, en este momento, la ciudad fuese a engullirnos como una planta carnívora dentro de sus fauces, con zombis vivientes saliendo de las bocanadas de los metros, en el cataclismo en el que parece que se va a convertir todo, sin trabajo, sin esperanzas, sin nada. Es allí, hacia la montaña, el lugar donde el poeta pretendía dirigir a los jóvenes puesto que son ellos los que no se hallan contagiados por ninguno de los efectos de la Guerra Civil ya que ninguno de ellos ha participado.

Parece como si de repente nos estuvieran convirtiendo poco a poco en existentes de tercera, tal y como ocurre en Sumido 25 en el poema “Agonía del existente Julián Martínez, existente de tercera”.

Y es que a este paso, con este ritual cansino que nos zarandea día a día, vamos a tener que componer, tal y como hace Miguel en Sumido 25, una “Elegía a la propia muerte” una elegía a nuestro sucumbir en vida que no es otra que la misma muerte en vida.

En este poema, el yo del poeta habla también desde la muerte del mismo. Se duda hasta de si existió en realidad y la voz poética corrobora que “quizás se fue tan pronto, murió tan pronto, por miedo a odiarlo todo con salvaje cinismo”, él “que había nacido para librarse por amor tan solo; él que nunca amó nada del todo”

Y es que, tal y como corrobora la voz poética, a pesar de que el amor lo impregnaba todo, a pesar de que eso era la única tabla de salvación posible, “pronto nacieron en su corazón bosques de serpientes voraces que intentaron secar todo lo dulce”

Dulce crepitar del desastre, ahora dulce “crisis” provocada por la crisis del hombre que abandonó hace mucho tiempo el ser que lleva dentro, que fue el que evocó el poema “Elegía a la propia muerte” de Miguel que la guerra se llevó consigo; porque es el hombre el que está muerto. Dulce crepitar del desastre; dulce.

Elegía a mi propia muerte

Miguel se ha ido.
Es posible que ya nunca llegue.
Es posible que buscando trenes
que lo lleven a la otra orilla del mundo
se quede sin saberlo extático de ahogado.
Nadie le conoció
y apenas él sumía su garganta de toro
abriendo con navajas de afeitar cada mañana
el vientre enigmático de los espejos curvos
donde se reflejaban exactos el misterio de trueno
de sus ojos hambrientos verdaderos.
Si acaso preguntasen por él
decidles que nunca dijo que existiese.
Él que se golpeaba a menudo las pupilas
para encontrar el sentido
que levanta los surcos
hacia las sudorosas nucas del Hombre
sobre hermosas muertas
en salada presencia de potencia insaciable.
Nunca amó nada del todo
él que sin embargo había nacido
para liberarse por amor tan sólo.
Por eso fue espeso asombro de centros vendavales
abrasado ante los brocales de luz de las medusas.
Demasiado pronto en su corazón nacieron
bosques de serpientes voraces
que intentaron secar todo lo dulce
que en él residía luengos siglos de hambrientos penetrados.
Mas en esto triunfó
pues fueron en soledad sus últimas palabras:

«Hermanos inundad de amor
al mundo que sucumbe...
Cread las nuevas rutas con amor absurdo y sin objeto...
Salvaos de las ruinas con amor...
Amor...
Amor viril tan sólo...»

Quizá se fue tan pronto
por miedo a odiarlo todo
con salvaje cinismo
pues también en el fondo de sí
había calaveras que soñaban orgía desmedida
en incendios sin fin de las ciudades.
Y ahora ya borrado el débil rastro de su voz de macho
quisiera preguntarle en esta noche tan hermosa de estío
(en una de esas noches en que descuajado
temblaba ante el atónito mensaje
de las galaxias a los gusanos):
¿qué ha sido de su rayo
qué destino tronchado fulminaron
desnudos más allá de todo nombre
meditado de nada?
Quizá altivo no contestase apenas
pues por encima de las conversaciones
tan sólo esperaba ya
el armonioso amanecer de los corceles
sobre un mundo rotundo en plenitud
con hondura sangrienta de raíz
y elevación purísima de nube.
Miguel se ha ido.
Es posible que un día
dentro de millones de años
encontremos su pulpa de cuadrúpedo
en el tótem de una gota de lluvia
que ansíe dulcemente aniquilarse
en un rayo de astro fulminado.


domingo, 29 de enero de 2012

Sunset Park o el relato de unas vidas unidas por el filo de una navaja.

Si hay un autor que utilice la coincidencia y la casualidad como herramienta de trabajo, ese es Paul Auster. En Sunset Park, su última publicacion, esta coincidencia y casualidad es de nuevo uno de los motores que rigen las vidas de los personajes y los arrastran en su quehacer diario. Pero esa casualidad que en algunas de sus obras parece casi artificial, como ocurre en Leviatan, aquí parece que se halle integrada en sus vidas, y que por extensión también en las nuestras y en las de todos. Si Miles Heller, no hubiera empujado a Bobby aquel día, de camino por aquella carretera solitaria, después del pinchazo de la furgoneta y aquel coche no hubiera pasado por allí justo en ese instante, seguramente las cosas habrían cambiado y todo sería diferente ahora en la familia Heller y entre los dos hermanastros. Si Bing Nathan, no hubiera estado en aquella excursión adolescente después del instituto en dirección a Catskills y no se hubieran detenido en aquel lago, seguramente no habría visto a Heller desnudo, con el pene erecto después de besuquearse con su novia y no habría experimentado aquella sensación que poco a poco fue ensanchándose para descubrirse a sí mismo en su homosexualidad.

Por último, si Morris Heller, en aquel seminario de la facultad hubiera tomado la iniciativa con aquella chica de Barnard; hubo una fuerte atracción. Si ese pequeño coqueteo se hubiera traducido en un noviazgo, un matrimonio y una vida juntos después, no habría conocido a Mary – Lee su primera mujer y tampoco se habría divorciado y se habría vuelto a casar con Willa no se habría desencadenado el suceso de Bobby, su hijastro, el cual cambió sus vidas para simpre.

En este libro, Auster teje un madeja entre los personajes utilizando un tema interesante y moderno como es el de la crisis económica y sus repercusiones, lo que lleva a los jóvenes Bing Nathan Ellen, Alice y el propio Miles a ocupar una vieja casa abandonada en un deprimido barrio neoyorquino Sunset Park.

Cada uno de los capítulos del libro lleva el nombre de cada uno de los personajes y en cada uno de esos capítulos el autor utiliza la técnica del retroceso o flash back para retroceder en las historias de cada uno, las cuales ya ha presentado de manera hábil en la primera parte de la obra.

El uso del presente de indicativo en la tercera persona es una de las cosas que más descolocan al principio. Parece que ese narrador omnisciente no quiere involucrase demasiado en la trama narrativa de unos personajes que sufren en el día a día para hacerse con el control de sus difíciles y deprimidas vidas. Auster a través de este tiempo de la narración presenta a unos personajes deprimidos en un mundo herido muerte y falto de valores morales. El propio protagonista Miles Heller trabaja en una de esas empresas que vacían las casas después de los desahucios en Florida, lugar de huida escogido por el protagonista para alejarse de una realidad familiar marcada por el divorcio de sus padres, y por la muerte de su hermanastro Bobby.

Hellen, otro de los personajes de Sunset Park, que vive a caballo entre su hobie, pintar cuadros en su tiempo libre, su esquizofenia juvenil y un triste trabajo como vendedora de pisos temporal.

O la propia Alice, que trabaja en una tesis doctoral eterna y que nunca se acaba sobre el cine norteamericano del último siglo, tratando de obtener conclusiones sobre las personas que viven dentro de las películas para así tratar de entender mejor a las personas de este mundo. O Bing, el cual posee una tienda u hospital de cosas antiguas en el que repara cosas viejas en desuso por un puñado de dólares. O Morris, el padre de Miles, editor de libros en su editorial marcada por las pérdidas y la crisis econñomica.

Son todos personajes perdidos cualquiera, personajes, unidos por una leve hilo fino o por el filo de una navaja nen el que sus vidas pende y dependen del desahucio esperado de la policía o de un arrebato de casualidad que haga que sus acciones se decanten hacia un lado o hacia otro. En definitiva como las vidas de todos, como nuestras propias vidas.

martes, 3 de enero de 2012

Ascensión al pico Gratal en Guara. Sensaciones en Sierra de Guara I


Ascensión al pico Gratal. Sensaciones en Sierra de Guara I






La mañana es fría, ventosa, húmeda y gélida justo antes de salir. Hemos aparcado el coche en la hospedería de Arguis, en las inmediaciones de la carretera nacional 330, justo al inicio de las primeras subidas considerables del puerto de Monrepós. El silencio solo es entrecortado por el paso de los coches que rugen furiosos en su intento de aproximarse lo antes posible al anhelo y al deseo del final del recorrido.

La quietud de las aguas de un pantano no hacen que el frio y el viento se detengan, sino que sobrecogen a los corazones helados de muerte y destrucción.

El sendero es evidente y la excursión comienza por una pista fría y heladora que cruza la presa del pantano en su inicio y luego recorre la cara norte de las primeras estribaciones de Guara sin además de que salga el sol, sobrecogido por la quietud sepulcral del pantano de Arguis.

Solo el bosque que aparece a continuación, después de caminar unos veinte minutos, acogedor, salvador de las duras rachas de viento sobrecogedor que después nos espera y dejando a un lado las marcas de un gasoducto que ascienden verticalmente por la montaña sin acordarse de salvaguardar la pendiente.

Descendemos por una fuerte pendiente pedregosa. Llevamos unos 54 minutos de sendero y llevamos un gasoducto bajo nuestros pies. Gratal ya ha aparecido delante de nosotros como un coloso puntiagudo y zoquete que mira impasible el paso del viento.

Ahora ya solo nos queda franquear su tozudez, la de su cabeza y la nuestra, la que hace que disfrutemos de la montaña porque es el lugar en el que nos gusta estar, en el que nos gusta hablar y conversar de todo, a pesar del viento helador, de la humedad congelada que trae el silbido del ausín y la deja sobre los sufridos bojes, a pesar de que el camino zigzaguea por pendientes infranqueables y duras.

Ya solo nos quedan los últimos pasos, los que nos llevarán al abrazo amigo, a sentir que el esfuerzo en compañía de los amigos es el que le da sentido a las cosas del mundo. A que el anhelo y el deseo del ser humano por conseguir cotas infranqueables no tendría ningún sentido sin ese abrazo cariñoso que nos sirve de excusa para celebrar lo conseguido.

Y es que, lo que se ve desde la cima no tiene precio, son el anhelo y el deseo hechos realidad. Es todo lo que se puede desear ver y sentir, solo jodido por el frío del un día desapacible y desangelado. Y eso hace que no se disfrute el final cuando disfrutar del final es sinónimo de conquista fácil.

Somos seres humanos, dejémonos de pamplinas. El frío de la cima es la realidad dura que golpea en nuestras caras y nos hace débiles ante la naturaleza, para que pensemos que lo más importante de todo esto no es sino la compañía, los abrazos y los sentimientos junto a los amigos y seres queridos; mucho más que la conquista de otra cima; a 1610 metros, en la Sierra de Guara.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Amor y Guerra de Nuria Amat

El amor y la guerra, la Guerra Civil son al parecer antagónicos y no compatibles. Sensaciones y emociones que se transmiten desde el principio y que parece que van a convertir al libro en una sucesión de hechos que más que una novela se parecen a un relato costumbrista de telefilme de tardes de entre semana y que página tras página, escena tras escena, emoción tras emoción, no hacen sino narrar la vida que del blanco y negro pasa al color, de una familia de la alta burguesía barcelonesa desde el principio de la guerra hasta el final de la misma (aunque la novela se inmiscuye ya hacia el final hasta los años 80 del siglo pasado)

No hay grandes alardes técnicos, ni guiños a complicados flash backs que se hacen atractivos hoy en día, debido a la innegable influencia que todos tenemos del mundo del cine sino todo lo contrario. Desde el principio de la obra el relato fluye de un modo cuasi lineal, sin artificios, con naturalidad, presentando a los personajes claramente, sin tapujos, fácilmente. El narrador se convierte en narrador en tercera persona, omnisciente. Si no fuera así algunas de las cosas que ocurren en la novela, narradas en primera persona, habrían acabado con la vida de muchos corazones debilitados o desanimados debido a la desgarradora energía narrativa que consigue la autora.

Se nota ya desde el principio la trayectoria poética de la novelista, su impronta de trazadora de versos que se traslada a la novela en forma de descripciones que alejan al narrador omnisciente de una pasiva intervención sin más y que se convierten, en ocasiones, en descripciones, diálogos o acciones de los personajes que nunca te podrían dejar impasible.

Y es que la obra, no solo trata de sensaciones que son las protagonistas por encima de todas las cosas, sino que redescubre la figura histórica de Ramón Mercader un joven comunista que será el ejecutor del líder ruso Trotski en el México de la posguerra. Una historia desconocida, novedosa y compleja que la autora redescubre tras tiempo de investigación.

Son cuatro los personajes que toman el protagonismo por encima de los demás. Mercedes Ramoneda es la hija de la familia de industriales barceloneses que pronto no podrá dejar de disimular su amor por Ramón Mercader, su propio primo hermano del que está enamorada casi en secreto.

Ramón Mercader, es el joven el comunista decidido y apuesto, frío y calculador, presentado incluso con una personalidad oscura, poco clara y difícil.

Valentina Mur es la protagonista de la historia, la mujer que aglutina toda la atención del narrador omnisciente y sobre la cual pivota toda la historia. Todos los sucesos que ocurren a lo largo de la trama se desencadenan a parir de la escena inicial en la que, tras la toma de Barcelona por anarquistas al inicio de la guerra y cuando ni siquiera el comité local gobierna, el convoy que comandan Ramón y Valentina se detiene en la casa de la familia Ramoneda en busca del industrial de las hilaturas. Es justo en ese instante cuando el amor se interpone entre la anarquista Valentina y Arturo, el enfermo hijo de los Ramoneda al que su primo Ramón acaba de tomar prisionero.

Todos los goznes de la trama giran alrededor de este comienzo de la historia, con un Ramón Mercader que trata de desvincularse de los intentos de su familia por conseguir la libertad de su primo, y con una Valentina que ha quedado cautivada, en una primera imagen, de Arturo, el joven poeta enfermo de sensibilidad.

La muerte, la guerra, son prácticamente sinónimos poéticos de un desenlace en el que el amor se aproxima a la muerte tanto que prácticamente se hacen copias exactas de una visión poética que se trasluce a lo largo de toda la obra.

En definitiva, una mirada diferente a la profundidad de los corazones helados de los protagonistas de la historia, a través de un narrador omnisciente y lejos de convencionalismos costumbristas que en buena parte son ficción literaria de una realidad histórica que se da en millones de familias destrozadas por semejante barbarie.


Vídeo Premio Ramón Llull de las letras catalanas para Amor y Guerra.






sábado, 3 de diciembre de 2011

Petrechema







Algunas veces parece que las cosas son más fáciles y es que la ascensión a Petrechema, en el Valle de Ansó (Linza) es una de esas excursiones que a pesar de que salvan 1010 metros de desnivel, es tan agradecida como hermosa.

Comenzamos la excursión en la explanada del refugio de Linza. El valle, a pesar de ser finales de noviembre está todavía a medo camino entre el marón y el verde. Ya es hora de que lleguen las primeras nieves pero estas parece que todavía se resisten a llegar. Seguramente, ahora, mientras escribo este artículo, una fina capa blanca estará ya llenando la explanada del refugio y las pistas de esquí de fondo; como cada invierno, como cada año.

Y es que el ciclo de la vida se repite, y todos los años vienen inviernos pero ninguno tan extraño como este, que a 26 de noviembre todavía conserva los colores del otoño más acentuados.

La senda se vuelve cómoda y fácil después de salvar las primeras rampas, y dejar detrás el refugio y la imponente pirámide del Txamantxoia o pico Maz hasta llegar al Cubilar de Petrechema, que inicia la subida al collado. Estamos a 1630 metros y los verdes prados de otoño todavía huelen a estiércol de oveja. Hemos recorrido 2 kilómetros y llevamos 28 minutos de caminata. Desde este punto al collado todavía nos queda media hora. A la derecha ya al inicio, hemos dejado la Foya del Inxeniero y el Paso del Onso, pasos naturales también al vecino vale de Lescún y pistas de esquí de fondo en invierno.

El collado de Linza es un punto estratégico en la ruta. Es una maravillosa explanada de la que parte una senda a media ladera. Esa es la senda que tenemos que tomar. El descenso hacia abajo nos precipitaría hacia la Mesa de Los Tres Reyes, prácticamente inexpugnable en estos momentos del año, ya que el intenso frío a esta altura ha hecho que los pocos resquicios de nieve helada que hay, se hayan acumulado en todas y cada una de las rocas del peligroso ascenso. Estamos a 1990 metros de altura y llevamos 1 hora y tres minutos de recorrido. El viento es insoportable y casi ni nos deja comer algo para proseguir el recorrido.

La cima parece fácil y próxima pero cuando el sendero comienza a salir del collado, te sisntes pequeño, allí, después de haber adelantado a un grupo de jóvenes que iban a las cabañas de Lescún en el lado francés.
Es todo tan grande, y tú eres tan diminuto, allí, entre la divisoria de la Mesa de los Tres Reyes y la propia cima de Petrechema, que solo el silencio se ve surcado por una ráfaga de viento que desciende de tres bicicletas de montaña que bajan por la arista de la cresta a toda velocidad, jugándose sus vidas; allí, todos, solos; en medio de la nada.

La cima, después de crestear un buen rato, a demás de viento aguarda un sorpresa bastante increíble; una vista del circo de Lescún y de las Agullas de Ansaberé sencillamente espectacular. En este momento después de 1hora y 50 minutos, estamos a 2420 metros de altura. Las vistas son espectaculares y el cielo está bastante despejado. Ahora solo toca bajar.

Si quieres conocer todos los detalles de la ruta y llevarte una agradable sorpresa pica en el enlace satélite del mapa y en view full workout data del mapa.