Un "blog" de creación espontánea, anónima, grupal, intuitiva, lúdica y sobre todo automática.
lunes, 26 de marzo de 2012
Anillo Verde de Zaragoza
miércoles, 29 de febrero de 2012
El miedo manda.
Ahora parece que el miedo llena todas las noticias de la tele y de los periódicos. Así lo pone de manifiesto Eduardo Galeano en “El miedo manda”
“El hambre desayuna miedo / El miedo al silencio aturde las calles / El miedo amenaza
Si usted ama, tendrá sida / Si fuma, tendrá cáncer / Si respira, tendrá contaminación
Si bebe, tendrá accidentes / Si come, tendrá colesterol
Si habla, tendrá desempleo / Si camina, tendrá violencia / Si piensa, tendrá angustia
Si duda, tendrá locura / Si siente, tendrá soledad”
martes, 28 de febrero de 2012
Miguel Labordeta; poemas de la crisis.
Releyendo a Miguel Labordeta estos días de crisis, de soporífera crisis, no hacen sino venir imágenes que conectan los poemas escritos en los años 50 con el actual estado de tedio, desesperación y crisis actual.
En el libro Sumido 25 de 1948 que se halla dentro de Epilírica, está el poema “Puesto que el joven azul de la montaña ha muerto” (…)”es preciso partir de la ciudad antes de ser golosamente asesinados y engullidos por las muchedumbres de los metros”. Es como si el poema nos dijese que también ahora, en este momento, la ciudad fuese a engullirnos como una planta carnívora dentro de sus fauces, con zombis vivientes saliendo de las bocanadas de los metros, en el cataclismo en el que parece que se va a convertir todo, sin trabajo, sin esperanzas, sin nada. Es allí, hacia la montaña, el lugar donde el poeta pretendía dirigir a los jóvenes puesto que son ellos los que no se hallan contagiados por ninguno de los efectos de la Guerra Civil ya que ninguno de ellos ha participado.
Parece como si de repente nos estuvieran convirtiendo poco a poco en existentes de tercera, tal y como ocurre en Sumido 25 en el poema “Agonía del existente Julián Martínez, existente de tercera”.
Y es que a este paso, con este ritual cansino que nos zarandea día a día, vamos a tener que componer, tal y como hace Miguel en Sumido 25, una “Elegía a la propia muerte” una elegía a nuestro sucumbir en vida que no es otra que la misma muerte en vida.
En este poema, el yo del poeta habla también desde la muerte del mismo. Se duda hasta de si existió en realidad y la voz poética corrobora que “quizás se fue tan pronto, murió tan pronto, por miedo a odiarlo todo con salvaje cinismo”, él “que había nacido para librarse por amor tan solo; él que nunca amó nada del todo”
Y es que, tal y como corrobora la voz poética, a pesar de que el amor lo impregnaba todo, a pesar de que eso era la única tabla de salvación posible, “pronto nacieron en su corazón bosques de serpientes voraces que intentaron secar todo lo dulce”
Dulce crepitar del desastre, ahora dulce “crisis” provocada por la crisis del hombre que abandonó hace mucho tiempo el ser que lleva dentro, que fue el que evocó el poema “Elegía a la propia muerte” de Miguel que la guerra se llevó consigo; porque es el hombre el que está muerto. Dulce crepitar del desastre; dulce.
Elegía a mi propia muerte
Miguel se ha ido.
Es posible que ya nunca llegue.
Es posible que buscando trenes
que lo lleven a la otra orilla del mundo
se quede sin saberlo extático de ahogado.
Nadie le conoció
y apenas él sumía su garganta de toro
abriendo con navajas de afeitar cada mañana
el vientre enigmático de los espejos curvos
donde se reflejaban exactos el misterio de trueno
de sus ojos hambrientos verdaderos.
Si acaso preguntasen por él
decidles que nunca dijo que existiese.
Él que se golpeaba a menudo las pupilas
para encontrar el sentido
que levanta los surcos
hacia las sudorosas nucas del Hombre
sobre hermosas muertas
en salada presencia de potencia insaciable.
Nunca amó nada del todo
él que sin embargo había nacido
para liberarse por amor tan sólo.
Por eso fue espeso asombro de centros vendavales
abrasado ante los brocales de luz de las medusas.
Demasiado pronto en su corazón nacieron
bosques de serpientes voraces
que intentaron secar todo lo dulce
que en él residía luengos siglos de hambrientos penetrados.
Mas en esto triunfó
pues fueron en soledad sus últimas palabras:
«Hermanos inundad de amor
al mundo que sucumbe...
Cread las nuevas rutas con amor absurdo y sin objeto...
Salvaos de las ruinas con amor...
Amor...
Amor viril tan sólo...»
Quizá se fue tan pronto
por miedo a odiarlo todo
con salvaje cinismo
pues también en el fondo de sí
había calaveras que soñaban orgía desmedida
en incendios sin fin de las ciudades.
Y ahora ya borrado el débil rastro de su voz de macho
quisiera preguntarle en esta noche tan hermosa de estío
(en una de esas noches en que descuajado
temblaba ante el atónito mensaje
de las galaxias a los gusanos):
¿qué ha sido de su rayo
qué destino tronchado fulminaron
desnudos más allá de todo nombre
meditado de nada?
Quizá altivo no contestase apenas
pues por encima de las conversaciones
tan sólo esperaba ya
el armonioso amanecer de los corceles
sobre un mundo rotundo en plenitud
con hondura sangrienta de raíz
y elevación purísima de nube.
Miguel se ha ido.
Es posible que un día
dentro de millones de años
encontremos su pulpa de cuadrúpedo
en el tótem de una gota de lluvia
que ansíe dulcemente aniquilarse
en un rayo de astro fulminado.
domingo, 29 de enero de 2012
Sunset Park o el relato de unas vidas unidas por el filo de una navaja.

Si hay un autor que utilice la coincidencia y la casualidad como herramienta de trabajo, ese es Paul Auster. En Sunset Park, su última publicacion, esta coincidencia y casualidad es de nuevo uno de los motores que rigen las vidas de los personajes y los arrastran en su quehacer diario. Pero esa casualidad que en algunas de sus obras parece casi artificial, como ocurre en Leviatan, aquí parece que se halle integrada en sus vidas, y que por extensión también en las nuestras y en las de todos. Si Miles Heller, no hubiera empujado a Bobby aquel día, de camino por aquella carretera solitaria, después del pinchazo de la furgoneta y aquel coche no hubiera pasado por allí justo en ese instante, seguramente las cosas habrían cambiado y todo sería diferente ahora en la familia Heller y entre los dos hermanastros. Si Bing Nathan, no hubiera estado en aquella excursión adolescente después del instituto en dirección a Catskills y no se hubieran detenido en aquel lago, seguramente no habría visto a Heller desnudo, con el pene erecto después de besuquearse con su novia y no habría experimentado aquella sensación que poco a poco fue ensanchándose para descubrirse a sí mismo en su homosexualidad.
Por último, si Morris Heller, en aquel seminario de la facultad hubiera tomado la iniciativa con aquella chica de Barnard; hubo una fuerte atracción. Si ese pequeño coqueteo se hubiera traducido en un noviazgo, un matrimonio y una vida juntos después, no habría conocido a Mary – Lee su primera mujer y tampoco se habría divorciado y se habría vuelto a casar con Willa no se habría desencadenado el suceso de Bobby, su hijastro, el cual cambió sus vidas para simpre.
En este libro, Auster teje un madeja entre los personajes utilizando un tema interesante y moderno como es el de la crisis económica y sus repercusiones, lo que lleva a los jóvenes Bing Nathan Ellen, Alice y el propio Miles a ocupar una vieja casa abandonada en un deprimido barrio neoyorquino Sunset Park.
Cada uno de los capítulos del libro lleva el nombre de cada uno de los personajes y en cada uno de esos capítulos el autor utiliza la técnica del retroceso o flash back para retroceder en las historias de cada uno, las cuales ya ha presentado de manera hábil en la primera parte de la obra.
El uso del presente de indicativo en la tercera persona es una de las cosas que más descolocan al principio. Parece que ese narrador omnisciente no quiere involucrase demasiado en la trama narrativa de unos personajes que sufren en el día a día para hacerse con el control de sus difíciles y deprimidas vidas. Auster a través de este tiempo de la narración presenta a unos personajes deprimidos en un mundo herido muerte y falto de valores morales. El propio protagonista Miles Heller trabaja en una de esas empresas que vacían las casas después de los desahucios en Florida, lugar de huida escogido por el protagonista para alejarse de una realidad familiar marcada por el divorcio de sus padres, y por la muerte de su hermanastro Bobby.
Hellen, otro de los personajes de Sunset Park, que vive a caballo entre su hobie, pintar cuadros en su tiempo libre, su esquizofenia juvenil y un triste trabajo como vendedora de pisos temporal.
O la propia Alice, que trabaja en una tesis doctoral eterna y que nunca se acaba sobre el cine norteamericano del último siglo, tratando de obtener conclusiones sobre las personas que viven dentro de las películas para así tratar de entender mejor a las personas de este mundo. O Bing, el cual posee una tienda u hospital de cosas antiguas en el que repara cosas viejas en desuso por un puñado de dólares. O Morris, el padre de Miles, editor de libros en su editorial marcada por las pérdidas y la crisis econñomica.
Son todos personajes perdidos cualquiera, personajes, unidos por una leve hilo fino o por el filo de una navaja nen el que sus vidas pende y dependen del desahucio esperado de la policía o de un arrebato de casualidad que haga que sus acciones se decanten hacia un lado o hacia otro. En definitiva como las vidas de todos, como nuestras propias vidas.
martes, 3 de enero de 2012
Ascensión al pico Gratal en Guara. Sensaciones en Sierra de Guara I





La mañana es fría, ventosa, húmeda y gélida justo antes de salir. Hemos aparcado el coche en la hospedería de Arguis, en las inmediaciones de la carretera nacional 330, justo al inicio de las primeras subidas considerables del puerto de Monrepós. El silencio solo es entrecortado por el paso de los coches que rugen furiosos en su intento de aproximarse lo antes posible al anhelo y al deseo del final del recorrido.
La quietud de las aguas de un pantano no hacen que el frio y el viento se detengan, sino que sobrecogen a los corazones helados de muerte y destrucción.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Amor y Guerra de Nuria Amat
El amor y la guerra, la Guerra Civil son al parecer antagónicos y no compatibles. Sensaciones y emociones que se transmiten desde el principio y que parece que van a convertir al libro en una sucesión de hechos que más que una novela se parecen a un relato costumbrista de telefilme de tardes de entre semana y que página tras página, escena tras escena, emoción tras emoción, no hacen sino narrar la vida que del blanco y negro pasa al color, de una familia de la alta burguesía barcelonesa desde el principio de la guerra hasta el final de la misma (aunque la novela se inmiscuye ya hacia el final hasta los años 80 del siglo pasado)
Se nota ya desde el principio la trayectoria poética de la novelista, su impronta de trazadora de versos que se traslada a la novela en forma de descripciones que alejan al narrador omnisciente de una pasiva intervención sin más y que se convierten, en ocasiones, en descripciones, diálogos o acciones de los personajes que nunca te podrían dejar impasible.
Vídeo Premio Ramón Llull de las letras catalanas para Amor y Guerra.